4.12.11

Enredos andaluces

Hendrik van Egas, apodado “el flamenco”, nació en 1455 y murió en 1534. Provenía de una familia de artistas de Bruselas, que había llegado a España a mediados del siglo XV con el fin de hacer fortuna. Se convirtió en el arquitecto preferido de los Reyes Católicos. Habiendo apenas terminado sus estudios, fue avisado por unos familiares que los reyes estaban muy disgustados con la calidad del agua que tenían para consumir. Prontamente se presentó en la corte con tres modelos innovadores para el filtrado. El Rey le pidió más detalles, por lo que unos días después la Reina, acompañada por sus damas, se trasladó a los campos vecinos para presenciar las explicaciones en el lugar de los hechos. Pero la reina no sabía que Hendrik, además de galante, era muy mujeriego. Éste, distraído por la belleza de una dama, daba explicaciones sin dejar de mirarla, paseándose entre la concurrencia de manera de acercársele, y cuando debió cruzar el camino que conducía a la fuente, no vio que un carruaje se aproximaba. El caballo, asustado por la romería de las damas, lo empujó de mala manera, yendo a caer el caballero sobre las piedras del borde. La dama que había atraído sus miradas se precipitó a atenderlo, mientras la Reina disponía que lo trasladaran al palacio. Una vez en la cámara real, se comprobó que sus heridas no eran de importancia. Sin embargo, la soberana insistió en que descansara esa noche en el lugar. Una vez a solas, la Reina le dijo que sabía que quienes ensuciaban el agua no eran otros que los familiares de Hendrik, quienes llevaban una vida licenciosa en la propiedad que cercaba el surgente acuífero. Las interminables juergas nocturnas terminaban allí al amanecer, con los asistentes borrachos en la fuente, junto con la vajilla, los animales y todo lo que hubiera en derredor. Solo hay una manera de solucionar este entuerto, le dijo la soberana, arrojándose en el lecho sobre el maltrecho flamenco. Abreviamos aquí el relato, concluyendo que así, Hendrik se ganó la estima del rey por los estrambóticos ingenios que propuso, el aprecio de la reina por sus dotes como amante, la libertad para visitar a la doncella causante de la distracción, quien luego sería su esposa, y el agradecimiento de sus familiares que pudieron continuar con sus noches árabes sin ser molestados. Numerosos y destacados monumentos y construcciones dan cuenta hasta hoy en España del favor que gozó por parte de los Reyes.
D.B.

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