11.11.11

Habìa una vez niño, vàlgame Dios

Por suerte para muchos escritores, creo yo, los niños no son crìticos literarios. Por suerte para ellos, estàn ocupados jugando, y mayormente, tratando de ser felices, si es que los dejan. Digo por suerte para los escritores, porque si no tendrìan que enfrentarse con todas las ñoñerìas que escriben sobre "un niño que...". Este pensamiento, con aura de fastidio, me surgiò luego de intentar leer La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafòn, por cierto una novela muy bien vendida. Como desde que vivo en el norte me intereso en los escritores del frìo, tratando de hallar alguna explicaciòn a esta desmesura que es el invierno blanco, he insistido con Henning Mankell. Luego de ver varios capìtulos de la serie del inspector Wallander, ataquè con extraña persistencia Los zapatos italianos. Y hace poco, empecè Un puente a las estrellas, A Bridge to the Stars, que fue la versiòn que conseguì. Hete aquì, vaya novedad, un niño como protagonista. Pero Mankell tiene un pulso de escritor que le impide caer en facilismos. Crea y recrea climas con perfecciòn, con trazos cortos, firmes, seguros, pero que se perciben con sutileza. Sin ir màs lejos, el primer capìtulo es una linda pieza literaria. Empieza y termina con una misma misteriosa imagen: la de un perro solitario en la noche helada. Habrà que seguir leyendo, sin prejuicios, una novela sobre un niño que... D.B.

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