10.4.11

El libro no leîdo (dis-buc-is-main)

A propôsito de: http://www.ledevoir.com/culture/livres/311117/theatre-les-estis-d-intellectuels

Porque este es mi? blog y digo (escribo) lo que se me canta (escribe), no voy a decir quién, ni dônde, ni cuândo, pero alguien con ansiedad catalogadora dijo por ahî ciertas cosas sobre los libreros y sobre alguna gente que compra libros. Que si la persona que compra libros pero no los lee, si no que los colecciona, serîa un retentor anal. Que si trulalà et trulilî (porque asi suena en francés el texto susodicho (susoleîdo?)). Digo: Qué manera escatolôgica de odiar al pedo (ups)! Si hay algûn retentor anal malintencionado, avaro de su excremento, ése serîa el susodicho (susoescrito susoleîdo), porque sôlo quien avaramente colecciona se preocupa de etiquetar como actividad fundamental en su universo controlador. Claro està, desde ahora yo también catalogo y en particular, yo catalogo al catalogador de compradores de libros, pero yo no retengo, que conste. No retengo ni su nombre, lleno de complicaciones. Para qué! Dejar ir, dejar ir, decîa el profesor de yoga en su infinita sabidurîa. La gente que hace yoga, dicho sea de paso, no retiene los aires. Para qué? Si cuanto mâs se acumula, màs dolorosa se hace la despedida...

Hoy de mañana el enorme salòn principal del Victoria Hall de Westmount estaba atiborrado de libros. Largas mesas genèricamente catalogadas ofrecìan miles de libros descartados de las egregias estanterîas de la egregia biblioteca pùblica del egregio barrio de Westmount. Serìa algo asì como el salòn de los rechazados. Como la sabidurìa popular de descartar libros no es sabidurìa, porque sino no serìa popular, decidì incursionar entre las mesas llenas de manjares librescos. La primera mesa que me interesò decìa: libros de referencia. Ideal para una que anda perdida por la vida, desnorteada en el mismo norte, sin brùjula y sin mapa. Allì nomàs veo un libro interesante, y lo tomo. Para què! Un señor ancho me dice: this book is mine. And the table is big, casi le contesto. Como yo ando desnorteada, no me habìa dado cuenta que habìa tomado un libro de adentro de un canasto de plàstico, como los de supermercado. Para què le iba a discutir entonces a ese señor, educado en el individulista imperio norteamericano, sobre el derecho de las masas a la educaciòn. O a la referencia. El libro de marras prometìa enseñar a escribir mejor en inglès. El señor ancho era local, estaba claro por su aspecto y por su acento al decir "thisbookismine", asì que para què corno querìa el libro si evidentemente èl ya sabìa decir correctamente "this-book-is-mine" con los dientes bien apretaditos como corresponde. Allà èl y sus retenciones, entonces. Me dejo ir, me dejo ir. Ommmmm.
Pierdo un turno sin jugar, casilla (mesa) siguiente. History decìa el cartelito. Y allì nomàs una señora con algo de history encima, me cierra el paso, con uno de esos andadores como mesita de t.v. antigua. Chiquitita, arrugadita, lenta, asì y todo, tenìa ella todo el derecho del mundo a su lentitud. Que ya me va a llegar al dìa, y por lo visto hasta ahora, màs ràpido de lo que parece, gracias a la fibromialgia. Busco un rincòn despejado, allà, entre los libros de viajes. Una jovenzuela osada toma un libro y yo oigo otra vez: "thisbookismine". IU SI?? le digo al señor ancho. You should put your basket on the floor so the people don t get confused, recalcado idiota. Oh, it doesn t bother! dice el muy nabo. A èl no le molestarà, pero al resto de los viandantes no le debe hacer mucha gracia discutir con èl sobre las bondades de la propiedad colectiva por sobre el odioso yo-lo-vì-primero de los canadienses. Huyo, retrocediendo dos casilleros hacia la solitaria mesa de "foreign languages", con la esperanza de encontrar algo en español. Sòlo un desgraciado libro infantil. Todo lo demàs, en alemàn, lengua que mucho, mucho, no domino. Si al menos encontrara algo de Celan, me dije ilusa. Nein. Pero Hôlderlin, sì. Casi, casi me lo llevo, pero no, que seguro està gratuito y livianito en internet. Para què retener libros al pedo! Otras opciones incluìan a Joyce en italiano. Noppo. Y allì es que la señora del andador, cortando el paso en el pasillo principal, me sonrìe en el extremo de la mesa y me pregunta sobre los còdigos de los precios. Excuse, me! No era otro que el ancho canadiense tratando de pasar. Y yo lo miro con cara de tremendo-tarado-porquè no das la vuelta y de paso caminàs un poco y bajas la buzarda, no ves que la señora tiene poca movilidad? Algo de la hermosa conciencia canadiense del otro se iluminò en su cerebro, porque dijo sorry, y desapareciò. El redondel celeste es un dòlar, le digo a la señora, señalando su libro celeste. Pero èste no tiene el redondel celeste, me dice. Sì, aquì, le muestro con mi mejor aire de maestra de primer grado.Claro, le digo, queda disimulado por el color de la cobertura, igual que èste otro, y le muestro un libro verde con un redondel amarillo. Y allì nomàs me evado hacia el rincòn de ciencia ficciòn, donde ilusa, espero el milagro de un libro de Gibson, ahì, perdido entre los millones de Stephen Kings. Nada, la colecciòn Thor y nada màs. Bueno bueno, vayamos a ver Teatro y Poesìa, que en el Victoria Hall los pusieron juntos, porque lo que es en la vida real, aparentemente se odian porque nunca nunca se los ve juntos. El ùnico teatro allì y en todos lados, es el de Shakespeare, lo entiendo, lo comparto, pero tambièn es accesible en formato inmaterial. Para què retener? Y Poesìa, bien gracias. Una señora de la comisiòn, compasiva como sòlo puede serlo una señora de la comisiòn, me acerca algunos màs, y me dice: no hay mucho teatro aquì, eh? Not really, le digo, esperanzada. Por allì el milagro, entreverado un early Robert Frost. Pero lo dejo y me voy. Sobrevuelo la ficciòn, ya no me tienta. Tantos y tantos libros de costosas coloridas tapas sin mucho contenido interesante para mì, què pena. Sin tiempo para la ficciòn,pero si para la filosofìa, descubro con horror que la comisiòn considera filosofìa ciertos libros de una para-sicologìa sospechosa. Si veo a Castaneda aquì, grito, lo juro. Pero, tolerancia, dejar ir, ommmmm. Science, ùltima mesa, ùltimo intento. David Suzuki? No gracias. Por allà encuentro perdido pequeñito y a salvo de thisbookismine un catàlogo de aves de Norteamèrica. Dejad a las aves venir a mì, otras que no retienen, y encima se dice que es de buena suerte recibir el producto de su falta de retenciòn en el medio del marote. Y me voy, me voy volando con mis aves, flyyy birrd, black bird, sin retener, sin retener. Dejo todo el terreno libre a los coleccionistas estreñidos, a disbucismain.
D.B.
si, problemas con los acentos, teclados...

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