22.3.11

El caballo, la ley y el orden



El caballo, en una asociaciòn no siempre simpàtica.

Los agentes esperan la orden de actuar si los disturbios se desatan en la calle St. Catherine, despuès del desfile de San Patricio. La cerveza y el whisky han animado a muchos desde temprano en la frìa mañana, y en algùn momento los efectos se empiezan a sentir. Un helicòptero a mediana altura apoya la operaciòn. Las numerosas familias dejaràn el lugar dentro de poco y la zona se transformarà en terreno para los fiesteros, en su mayorìa jòvenes. Las cosas pueden ponerse complicadas para algunas chicas que en grupo desafìan a los envalentonados arremolinados en grupos.
Màs temprano, el cielo azul habìa servido de pista a dos aviones de guerra que pasaron en repetidas ocasiones sobre la ciudad, entre vìtores de los asistentes. Estàn calentando los motores para irse a Libia, comentò un fotògrafo con ironìa.
D.B.

St. Patrick's Parade, 187 celebraciones



San Patricio en Montreal, 187 años de historia.

16.3.11

The Lincoln Lawyer



El abogado del Lincoln (en mis lares sería: el abogado del colachata, en lunfardo rioplatense) es Matthew McConaughey. Su ex esposa es Marisa Tomei y entre sus colaboradores están William H. Macy y John Leguizamo. La película tiene entonces un elenco interesante, y una buena historia de intriga policial. Aquí no hay glamour, se trata de un abogado criminalista de Chicago de estilo callejero, que tiene su oficina en el susodicho (y demasiado clásico) automóvil, y cuyo único lujo es el de contar con un chofer.
La fascinación por historias de abogados y policías es propia de la pantalla chica, pero también de unas cuantas viejas buenas películas. Ésta cinta en particular tal vez no haga historia, pero es sumamente entretenida para quien se interesa en el género, y además tiene algunos simples y efectivos toques de humor. No por nada el autor del libro, Michael Connally, se dice fuertemente inspirado en Raymond Chandler.
No tiene espectacularidad de efectos, lo cual al menos yo, agradezco. La fotografía no se destaca ni destaca a la ciudad de Chicago, salvo en algunos de sus no muy estéticos aspectos urbanos.
En el sitio de la película en la red se ofrecen algunos capítulos del libro original. Confieso que su lectura me resultó atrapante, sensación libresca que hace años que no experimentaba, porque sencillamente las novelas policiales las dejé en el ultimo estante de la biblioteca de la adolescencia. Después de haber visto el film, me animaría a leer el libro en un largo viaje de avión por ejemplo, para descubrir los detalles dejados de lado. Pero no es Wallander. En resumen, yo le daría un puntaje de tres sobre un máximo de cinco.
D.B.
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