18.9.10

Defensa del lobo

Sigamos un poco màs con Enzensberger, que bien interesante poesìa tiene. Esta vez defiende lo indefendible, con brillante argumentaciòn.

Defensa de los lobos contra los corderos

¿queréis que los buitres devoren nomeolvides?

¿del chacal qué cosa pretendéis,

Que se despoje de su piel, y del lobo:

debe arrancarse por sí mismo los colmillos?

¿qué os disgusta tanto

de comisarios y pontífices?

¿qué miráis boquiabiertos

en la mentirosa pantalla del televisor?

¿quién le cose al mariscal

la franja de sangre en los pantalones?

¿quién le trinca el capón al usurero?

¿quién se cuelga orgulloso del ombligo gruñón

esas cruces de lata? ¿quién

coge la propina, la moneda de plata,

el óbolo del silencio?

muchos son los robados, y pocos los ladrones.

pero ¿quién los aplaude? ¿quién

los condecora y distingue? ¿quién

está hambriento de mentiras?

contemplaos al espejo: cobardes

que os asusta la verdad fatigosa

y os repugna aprender

y encomendáis a los lobos la función de pensar.

un anillo en la nariz es vuestra joya predilecta.

para vosotros ningún engaño es lo bastante estúpido,

ningún consuelo demasiado barato,

ningún chantaje demasiado blando.

comparados a vosotros, corderos

que mutuamente enceguecéis

son fraternales las cornejas.

entre los lobos reina la hermandad:

siempre van en manadas.

alabados sean los ladrones: vosotros

invitándolos a la violación,

os echáis en las comas podridas

de la obediencia, y mentís

incluso gimoteando. lo que deseáis

es que os devoren. Vosotros

no cambiaréis el mundo.
H.M.E.

Muy Brecht! Ovejas del mundo...ya sabéis!

La alegrìa de Enzensberger

"Escriban una historia o un poema feliz", nos pidiò el profesor. Imposible. Como dice una canciòn, la felicidad te deja idiota.
"Defender la alegrìa" es una lìnea de un poema de Mario Benedetti que se ha hecho popular, como tantos escritos de Mario. El dolor llega solo, a la alegrìa hay que buscarla, apresurarla, convidarla. "Dolor, tan callado vienes" cantaba Darnauchans. Es el sufrimiento y otros sentimientos parecidos, como la nostalgia, lo que parece inspirarnos màs para la creaciòn. Hans Magnus Enzensberger propone:

La alegría

Ella no quiere que se le mencione
se niega a que la pongan en papel
no tolera profetas
es una extraña
pero yo la conozco bien

ella echará por tierra
todo lo establecido
no mentirá
siempre está peleando

sólo por ella estoy justificado
es mi única razón
mi razón de estado
y no me pertenece

ella es obstinada y extraña
yo la encierro
y la oculto
como un defecto

ella es una fugitiva
no es para compartirla
ni para guardarla para mí solo

yo no guardo nada para mí
con ellos comparto todo cuanto poseo
un día me abandonará

otros serán los que la encierren
hasta que emprenda bajo la noche
su largo vuelo hasta la victoria.
.

Para ilustrar esta poesìa, tendrìa que buscar alguna foto "feliz" o "alegre". Felicidad es lo que experimento invariablemente en presencia del mar, entre otras cosas. Mi felicidad viene del afecto y de la naturaleza. Pero còmo representar algo màs universal, que comprenda una idea màs general? Es el poeta quien bien lo ha explicado antes. Serà entonces a travès del arte, en este caso la poesìa, que podremos encontrar esas pistas de humanidad...
D.B.

16.9.10

Pessoa y el mar





Oda Marítima:

Solitario, en el muelle desierto, en esta mañana de Verano,
miro hacia el lado de la barra, miro al Indefinido,
miro y me contenta ver,
pequeño, negro y preciso, un paquebote entrando.
Viene aún muy lejos, nítido, clásico a su manera.
Deja en el aire distante tras de sí la orla vana de su humo.
Viene entrando, y la mañana entra con él, y en el río,
aquí, acullá, despierta la vida marítima,
yérguense velas, avanzan remolcadores,
surgen barcos pequeños por detrás de los navíos que están en el puerto.
Hay una vaga brisa.
Pero mi alma está con lo que veo menos.
Con el paquebote que entra,
porque él está con la Distancia, con la Mañana,
con el sentido marítimo de esta Hora,
con la dulzura dolorosa que sube en mí como una náusea,
como un comienzo de mareo aunque del espíritu.
Miro de lejos el paquebote, con una gran independencia de alma,
y en mi interior un volante inicia lentamente sus giros.

Los paquebotes que entran de mañana en la barra
traen a mis ojos consigo
el misterio alegre y triste de quien llega y parte.
Traen recuerdos de muelles alejados y de otros momentos
de otro modo, de la misma humanidad, en otros puertos.
Todo atracar, todo largar de navío,
es -lo siento en mí como mi sangre-
inconscientemente simbólico, terriblemente
amenazador de significaciones metafísicas
que perturban en mí quien yo fui...

Barco frente a Lisboa ¡Ah, todo el muelle es una saudade de piedra!
Y cuando el navío llega del muelle
y se advierte de repente que se abrió un espacio
entre el muelle y el navío,
me viene, no sé por qué, una angustia reciente,
una niebla de sentimientos de tristeza
que brilla al sol de mis angustias, cubiertas ya de hierba,
como la primera ventana donde la madrugada pega,
y me envuelve con un recuerdo de otra persona
que fuese misteriosamente mía.

Ah, ¿quién sabe, quién sabe
si no partí otrora, antes de mí,
de un muelle; si no dejé, navío al sol
oblicuo de la madrugada,
otra especie de puerto?
¿Quién sabe si no dejé, antes de que la hora
del mundo exterior como yo lo veo
radiarse para mí,
un gran muelle lleno de poca gente,
de una gran ciudad medio despierta,
de una enorme ciudad comercial, adulta, apoplética,
tanto como eso puede ser fuera del Espacio y del
Tiempo?

Lisboa Algo se parte en mí. El rojo anocheció.
Sentí de más para poder continuar sintiendo.
Se me agotó el alma, quedó sólo un eco dentro de mí.
Decrece sensiblemente la velocidad del volante.
Las manos me borran un poco de los ojos mis sueños.
Dentro de mí hay sólo un vacío, un desierto, un mar nocturno.
Y en cuanto siento que hay un mar nocturno dentro de mí,
sube de sus lejanías, nace de su silencio,
otra vez, otra vez el vasto grito antiquísimo.
De repente, como un relámpago de sonido, que no hace ruido sino
ternura.

súbitamente abarcando todo el horizonte marítimo
húmeda y sombría marejada humana nocturna,
voz de sirena lejana llorando, llamando,
viene del fondo de la Lejanía, del fondo del Mar, del alma de los
Abismos,
y a ras de él, como algas, flotan mis sueños desechos...

Lisboa ¿Quién soy yo para que me perturbe verte?
Zarpa del muelle, crece el sol, se yergue oro,
lucen los tejados de los edificios del muelle,
todo el lado de acá de la ciudad brilla...
Parte, déjame, vuélvete
primero el navío en medio del río, destacado y nítido,
después el navío camino de la barra, pequeño y negro,
después punto vago en el horizonte (¡oh angustia mía!),
punto cada vez más vago en el horizonte...,
nada después, y sólo yo y mi tristeza,
y la gran ciudad ahora llena de sol
y la hora real y desnuda como un muelle ya sin navíos,
y el giro lento del guindaste que, como un compás que gira,
traza un semicírculo de no sé qué emoción
en el silencio conmovido de mi alma...

(Alvaro de Campos o Fernando Pessoa o...)

El cementerio marino, Paul Valéry




Le cimetière marin

Ce toit tranquille, où marchent des colombes,
Entre les pins palpite, entre les tombes;
Midi le juste y compose de feux
La mer, la mer, toujours recommencée
O récompense après une pensée
Qu'un long regard sur le calme des dieux!

Quel pur travail de fins éclairs consume
Maint diamant d'imperceptible écume,
Et quelle paix semble se concevoir!
Quand sur l'abîme un soleil se repose,
Ouvrages purs d'une éternelle cause,
Le temps scintille et le songe est savoir.

Stable trésor, temple simple à Minerve,
Masse de calme, et visible réserve,
Eau sourcilleuse, Oeil qui gardes en toi
Tant de sommeil sous une voile de flamme,
O mon silence! . . . Édifice dans l'âme,
Mais comble d'or aux mille tuiles, Toit!

Temple du Temps, qu'un seul soupir résume,
À ce point pur je monte et m'accoutume,
Tout entouré de mon regard marin;
Et comme aux dieux mon offrande suprême,
La scintillation sereine sème
Sur l'altitude un dédain souverain.

Comme le fruit se fond en jouissance,
Comme en délice il change son absence
Dans une bouche où sa forme se meurt,
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée
Le changement des rives en rumeur.

Beau ciel, vrai ciel, regarde-moi qui change!
Après tant d'orgueil, après tant d'étrange
Oisiveté, mais pleine de pouvoir,
Je m'abandonne à ce brillant espace,
Sur les maisons des morts mon ombre passe
Qui m'apprivoise à son frêle mouvoir.

L'âme exposée aux torches du solstice,
Je te soutiens, admirable justice
De la lumière aux armes sans pitié!
Je te tends pure à ta place première,
Regarde-toi! . . . Mais rendre la lumière
Suppose d'ombre une morne moitié.

O pour moi seul, à moi seul, en moi-même,
Auprès d'un coeur, aux sources du poème,
Entre le vide et l'événement pur,
J'attends l'écho de ma grandeur interne,
Amère, sombre, et sonore citerne,
Sonnant dans l'âme un creux toujours futur!

Sais-tu, fausse captive des feuillages,
Golfe mangeur de ces maigres grillages,
Sur mes yeux clos, secrets éblouissants,
Quel corps me traîne à sa fin paresseuse,
Quel front l'attire à cette terre osseuse?
Une étincelle y pense à mes absents.

Fermé, sacré, plein d'un feu sans matière,
Fragment terrestre offert à la lumière,
Ce lieu me plaît, dominé de flambeaux,
Composé d'or, de pierre et d'arbres sombres,
Où tant de marbre est tremblant sur tant d'ombres;
La mer fidèle y dort sur mes tombeaux!

Chienne splendide, écarte l'idolâtre!
Quand solitaire au sourire de pâtre,
Je pais longtemps, moutons mystérieux,
Le blanc troupeau de mes tranquilles tombes,
Éloignes-en les prudentes colombes,
Les songes vains, les anges curieux!

Ici venu, l'avenir est paresse.
L'insecte net gratte la sécheresse;
Tout est brûlé, défait, reçu dans l'air
A je ne sais quelle sévère essence . . .
La vie est vaste, étant ivre d'absence,
Et l'amertume est douce, et l'esprit clair.

Les morts cachés sont bien dans cette terre
Qui les réchauffe et sèche leur mystère.
Midi là-haut, Midi sans mouvement
En soi se pense et convient à soi-même
Tête complète et parfait diadème,
Je suis en toi le secret changement.

Tu n'as que moi pour contenir tes craintes!
Mes repentirs, mes doutes, mes contraintes
Sont le défaut de ton grand diamant! . . .
Mais dans leur nuit toute lourde de marbres,
Un peuple vague aux racines des arbres
A pris déjà ton parti lentement.

Ils ont fondu dans une absence épaisse,
L'argile rouge a bu la blanche espèce,
Le don de vivre a passé dans les fleurs!
Où sont des morts les phrases familières,
L'art personnel, les âmes singulières?
La larve file où se formaient les pleurs.

Les cris aigus des filles chatouillées,
Les yeux, les dents, les paupières mouillées,
Le sein charmant qui joue avec le feu,
Le sang qui brille aux lèvres qui se rendent,
Les derniers dons, les doigts qui les défendent,
Tout va sous terre et rentre dans le jeu!

Et vous, grande âme, espérez-vous un songe
Qui n'aura plus ces couleurs de mensonge
Qu'aux yeux de chair l'onde et l'or font ici?
Chanterez-vous quand serez vaporeuse?
Allez! Tout fuit! Ma présence est poreuse,
La sainte impatience meurt aussi!

Maigre immortalité noire et dorée,
Consolatrice affreusement laurée,
Qui de la mort fais un sein maternel,
Le beau mensonge et la pieuse ruse!
Qui ne connaît, et qui ne les refuse,
Ce crâne vide et ce rire éternel!

Pères profonds, têtes inhabitées,
Qui sous le poids de tant de pelletées,
Êtes la terre et confondez nos pas,
Le vrai rongeur, le ver irréfutable
N'est point pour vous qui dormez sous la table,
Il vit de vie, il ne me quitte pas!

Amour, peut-être, ou de moi-même haine?
Sa dent secrète est de moi si prochaine
Que tous les noms lui peuvent convenir!
Qu'importe! Il voit, il veut, il songe, il touche!
Ma chair lui plaît, et jusque sur ma couche,
À ce vivant je vis d'appartenir!

Zénon! Cruel Zénon! Zénon d'Êlée!
M'as-tu percé de cette flèche ailée
Qui vibre, vole, et qui ne vole pas!
Le son m'enfante et la flèche me tue!
Ah! le soleil . . . Quelle ombre de tortue
Pour l'âme, Achille immobile à grands pas!

Non, non! . . . Debout! Dans l'ère successive!
Brisez, mon corps, cette forme pensive!
Buvez, mon sein, la naissance du vent!
Une fraîcheur, de la mer exhalée,
Me rend mon âme . . . O puissance salée!
Courons à l'onde en rejaillir vivant.

Oui! grande mer de délires douée,
Peau de panthère et chlamyde trouée,
De mille et mille idoles du soleil,
Hydre absolue, ivre de ta chair bleue,
Qui te remords l'étincelante queue
Dans un tumulte au silence pareil

Le vent se lève! . . . il faut tenter de vivre!
L'air immense ouvre et referme mon livre,
La vague en poudre ose jaillir des rocs!
Envolez-vous, pages tout éblouies!
Rompez, vagues! Rompez d'eaux réjouies
Ce toit tranquille où picoraient des focs!

Paul Valery

5.9.10

Ground zero



Esa mañana de fin de agosto amaneciò calurosa y hùmeda en Nueva York, como las anteriores y las siguientes. Temprano para mì, porque eran pasadas las 8, fui a tomar el primer cafè por la 5ta. avenida y la calle 32. La persona que me atiende es de origen latinoamericano. No sonrìe mucho, sabe que le espera un dìa largo de tratar de atender ràpidamente a cientos de personas. Alrededor mìo, oigo conversaciones en inglès o en español mayormente. En las mesitas, la gente apura un cafè hirviendo a pesar del calor. Otros, se lo llevan para la oficina. Veo chicas jòvenes y no tanto en flip-flops y llevando una bolsita con los zapatos, muchas cargando computadoras, portafolios con papeles. Vendràn de Brooklyn, o de Queens en el metro chirriante o quièn sabe de dònde. Un señor alto, con cara de sueño, no se resiste a un croissant en una mesa contigüa y se queda un ratito màs a disfrutar del aire acondicionado.
Cada vez son màs los transeùntes en las veredas soleadas, con un ritmo constante pero no frenètico. Con mi lentitud provinciana desayuno cerca de la ventana, mientras veo pasar la gente. Un pensamiento me inquieta: Y si hubiera sido una mañana como èsta, gente como èsta, gente como yo?

Fue en septiembre y fue esa misma gente que iba a trabajar, como tantos. Como yo, como vos, enredados en lo cotidiano y sin mayor poder de decisiòn como para hacerle daño a nadie.
D.B.
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