23.10.09

El teatro vs. la pantalla

Force majeure en Montréal, Place des Arts, 5éme Salle.
Octubre de 2009

Dicen Lipovetsky y Serroy, en L'écran global, que esta sociedad hipermoderna experimenta una transformación en la interacción entre individuos y tecnología, por la mediación omnipresente de las pantallas.
La puesta de los australianos del grupo Force majeure, The age I'm in, lo confirma. Pero el espectáculo es más que multimedia. Es danza, teatro y testimonio. Actores y actrices de edades variadas personifican las voces de ochenta entrevistados, cuyas voces registradas de antemano conducen el pasaje por diferentes etapas en la vida. Las voces, dialogan sobre política, sexo, familia, la situación de los pueblos autóctonos australianos, la droga. Lo que dicen, puede ser risueño o alarmante, según el contexto de la interpretación de los actores y de las coreografías de las danzas.
El elemento novedoso, son pantallas planas que los actores portan, superponiéndolas en diferentes partes del cuerpo, mostrandólos sin su cáscara, la ropa, con sus cicatrices sean quirúrgicas o debidas al paso del tiempo, en la misma escala del original. O interpretando pensamiento, afectos o ausencias.
La música, salvo en las partes exclusivamente dedicadas a la danza, es comparable al sonido de un metrónomo.
La incorporación de la tecnología en la obra, obliga a los interprétes a guardar una sincronización perfecta, o la obra se desarma. He ahí tal vez una consecuencia secundaria interesante de analizar para el trabajo de los artistas.
D.B.

La vanguardia de U.S.A.


Los franceses pueden haber patentado el concepto, pero los estadounidenses también han hecho lo suyo. Bruce Baillie realizó Castro Street en 1967, filmando el corto en la calle del mismo nombre en Richmond, California. Se puede ver en: http://www.dailymotion.com/video/x2dbtk_castro-street-bruce-baillie_shortfilms
Me resulta una curiosidad, pero no creo que le haya cambiado la vida a mucha gente como producto artístico. Puede haber inspirado algunos efectos especiales en producciones de cineastas posteriores, puede que simplemente sugiera mirar sin comprometerse.
El manifiesto del futurismo fue publicado en 1915, cuando todavía se podía pensar en la belleza de la velocidad. Luego todo se volvió feo, industrial, ruidoso, contaminante, masivo. El cine, desde la cámara de los Lumière hasta hoy, puede seguir creando belleza, inspiración, trascendencia. Puede.

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