13.3.09

La actuación cinematográfica

La Ciudad Vieja de Montevideo, escenario de "Blindness".

Extraigo esta interesante nota de Prensa Latina, Cuba. Vemos cientos de películas y a veces nos parece demasiado sencillo el trabajo de actuación. Observando detrás de cámara en la filmación de "Blindness", en Montevideo, quedé sorprendida por los cortes milimétricos, de segundos, a los que están sometidos los actores. Lo que luego veremos con al menos una lógica continuidad, es una sucesión, que a veces parece interminable y tediosa, de planos y tomas que tal vez sólo el director ve claro en su cabeza por adelantado.
D.B.

Enciclopedia para cinéfilos: La recitación

Rodolfo Santovenia (Para Prensa Latina)*

La recitación, esa labor estético– expresiva de los actores de cine mantiene, como en la teatral, dos posiciones y concepciones: la fría y la cálida.

La primera sostiene que el intérprete debe ser frío y sereno, de gran capacidad para penetrar en el personaje objeto de representación, pero sin que sea necesaria la sensibilidad.

Por el contrario, la segunda sostiene que el arte de ser verdaderamente trágico depende sólo de la emoción, y exige una sensibilidad exquisita.

En el primer caso, el intérprete recita en frío valiéndose de su inteligencia y de su intuición lógica para expresar pasiones y sentimientos en los cuales no participa más que idealmente.

En el segundo, el intérprete, estremecido de sensibilidad, se sumerge y ensimisma en el personaje, hasta vivir por sugestión los sentimientos de aquél.

Por lógica una posición intermedia entre estos dos extremos es seguramente la más cercana a la ideal para un actor, y bien fácil es observar que estos mismos modos de recitación son aplicables al intérprete cinematográfico.

Sin embargo, hay diferencias primordiales. La primera es la total dependencia por parte del actor cinematográfico de los medios expresivos del cine .A fin de cuentas, el actor teatral se encuentra ante el público en estado de comunicación directa y autónoma. No así el actor cinematográfico.

Y es que el realizador crea el ambiente y las personas e impone la impostación psicológica del personaje en el actor-intérprete. No sólo dirigiendo la propia recitación, movimientos y expresiones, sino también utilizando, a discreción y sin anuencia del actor, los medios expresivos cinematográficos, que pueden reducirse al encuadre, resultado de diversos factores técnicos.

O lo que es igual: el intérprete cinematográfico fuera del encuadre no existe. Y la recitación existe sólo en función del montaje, como diría Pudovkin, el gran cineasta soviético.

Lo que no quiere decir, necesariamente, que la recitación cinematográfica no sea esencial y cuanto más se la depure y distinga de la teatral más quedará como creación artística de la íntegra personalidad del intérprete, por mucho que se le someta a diversos agentes racionales y técnicos.

Además, la relatividad misma de la recitación cinematográfica, tan sometida al realizador y al poder de los medios técnicos, explica y confirma dos hechos de experiencia en el cine.

El primero es el éxito bastante frecuente de los no profesionales. De aquellos que se paran frente a una cámara por primera vez y cumplen de maravilla algo que se puede apreciar hoy día, sobre todo en el llamado cine independiente, y que tuvo su reveladora aparición durante el neorrealismo italiano, hace ya más de 50 años.

El segundo es que en el cine son preferibles los intérpretes fríos, inteligentes y expresivos, más que los apasionados y emotivos, aunque claro, éstos sean imprescindibles para componer determinados personajes.

Y es que las magnitudes del primer plano y el análisis casi microscópico que el cine impone de la personalidad total del actor, con sus gestos y movimientos, aconsejan una cierta sobriedad intelectiva en la recitación cinematográfica.

Aparte de que contribuye a aumentar la complejidad de la recitación el hecho de que no siempre ni mucho la dicción se lleva a cabo en toma directa ni, por consiguiente, en simultaneidad con la acción y la imagen.

Sin dejar de lado que, en el cine, donde no se hace necesario mantener un determinado volumen de voz brillante, puesto que las sofisticadas técnicas de sonido recogen hasta los más ínfimos matices, la voz deja de ser un problema de cantidad, pero continúa siéndolo de calidad.

Y es que la monotonía que en el teatro puede ser evitada mediante cambios de gradación, tono o volumen de frase a frase, en el cine, al analizarse todo, al ser agrandado y acercado hasta el límite, habrá que evitar esa uniformidad buscando el juego sutilísimo del matiz dentro de la misma frase, y hasta de la palabra, para lo cual será necesaria una mayor ductilidad y dominio.

En suma, no se trata sólo de recitar, de hablar, de pronunciar, de emitir claros los sonidos. Se trata de desgranar, de fundir voz y concepto en una melodiosa disposición de pausas, ritmos y volúmenes. Es un error creer que al intérprete cinematográfico le es suficiente con saber hablar.

rmh/ag/rs

*Historiador y crítico de cine. Autor del primer diccionario de cine de América Latina.

PL-51

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