11.9.08

Trienal de arte contemporáneo québecois


Imagen: obra de Nicolas Baier.

Concurrir a la trienal de arte québecois o a cualquier muestra de arte contemporáneo puede ser un desafío a la paciencia, cuando no al buen gusto convencional, o al aburrimiento del dejá vu.
Una puede dar laberínticas vueltas en una exposición, puede toparse con bailarines improvisados haciendo performances incomprensibles o meramente exhibicionistas, ver desprolijas concepciones de quien sabe qué, puede leer decenas de pretendidas legitimaciones discursivas de la tontería, puede meterse en salas de proyección de videos con objetivo artístico que no merecerían más que un lugar autogestionado en el sitio youtube.
En el Museo de Arte Contemporáneo de Montréal, las mayoría de las 135 creaciones exhibidas por 38 artistas "jóvenes", no escapan a esa personal regla que cierto tiempo de decepciones me llevó a formular. Excepto cuando aparece en las paredes el trabajo de Nicolas Baier.
Ahí está un Artista, una Obra, lo que puede ser una definición esquiva del Arte.
En el caso de la trienal, es una composición no simétrica de espejos modificados en su cualidad reflectiva esencial, llamada "Vanités". Es una apuesta radical, los espejos están tan alterados que ya no reflejan las imágenes. Pero no importa demasiado la técnica o la explicación, porque estando frente a ese mural simplemente me sentí feliz. Es una sensación parecida al orgasmo, en tanto una es capaz de decir: esto es, y no tiene que hacer más comentarios. Entonces vale la pena el cansancio de los trayectos anteriores, la indiferencia, el desencanto, porque aparece, ahí está.

Según la revista Vie des Arts, nro. 211, el subtítulo que los comisarios le otorgaron a la exposición tiene mucho de cliché: el aforismo de Lavoisier "rien se perdre, rien ne se crée, tout se transforme", una comodidad en la definición que sirve para justificar cualquier cosa y que además le da un simpático toque científico, que no sirve de legitimación.
En cambio el segundo leitmotiv, "un air de legerté", suena más adecuado. Los artistas le dan un aire de renovación a los códigos artísticos de aprehensión del paisaje y los objetos, las ilusiones ópticas, los fenómenos de representación y las expresiones del retrato. Asumen la actitud analítica en la crítica social para definir su mundo y la vida actual por medio de escenas e imágenes de objetos cotidianos, con una mirada lúdica, haciendo ficción con la cotidianeidad.
D.B.


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