27.2.08

Surfista


Manchas negras, lobos tal vez
cerca de la costa se dejan mecer.
Uno se incorpora
y es un hombre planeando en una ola
y son diez, doce
esperando.

Pocos aciertan
el momento preciso
e inician una danza
antes de que la ola decida
su final de espuma
en el barranco
de la playa del Barco.

Las sombras se alargan
pero más allá,
los pescadores persisten
hor tras roca
roca tras hora
enredando el sedal
y cuando la caña se tensa es sólo cansancio.

Ya no hay gaviotas
ya no hay alimento
ya no hay peces, pescador.

Las rocas apenas resguardan
anémonas,
velelas distraídas
y fieles mejillones,
algas despeinadas,
(todo un mundo de vida pequeña)

El milagro de la espera
por la ola perfecta
rescata una y otra vez
el sueño efímero
del surfista.

D.B.

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