27.2.08

Surfista II


El hombre abre sus brazos
en ademán de gaviota
volando sobre la ola
agita sus alas
mientras las piernas sostienen
el embate tenaz sobre la tabla
él danza, magnífico,
brillando al sol
unos minutos,
dédalo esperanzado,
hasta hundirse resignado
bajo la espuma pulverizada.

El traje negro moldea cuerpos brillantes,
ellos hablan palabras de mar, escasas,
se aventuran entre rocas mortales,
los más osados,
mientras sus viudas esperan
en las arenas del atardecer.

Dicen ellos que el mar se aquieta
en esas horas,
hasta que la marea alta
se conjura con la luna,
que pueden probar suerte,
toda la que el mar decida
que quiere otorgar
porque vida o muerte
le da igual.

Él espera el cuarto verde
para entrar y soñar
con que vuela y posee
el secreto de la espuma
algole dirán las olas
de a poco, algo cada vez,
en lengua de sirenas
le dirán susurrando
que las puede acariciar.

D.B.

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