27.2.08

Leyendo a Ercole Lissardi, boyz lit.


Sobre "Horas puente" de Ercole Lissardi.

Veritas liberabit vos

(O cómo te quiero consumir mejor).

El establishment culturoso masculino dice desde hace poco que la escritora Armonía Somers es una injusta olvidada, y le han endilgado en consecuencia como recién estrenado recordatorio una ominosa plazoleta triangular en la rambla de Malvín, sin nada que la adorne, sólo pasto, así, como tumba de rico, pero rico sin familia, condenado al olvido. Ella escribía sin tapujos incluyendo la temática sexual con naturalidad en otras épocas, cuando un establishment similar la condenaba a usar seudónimo y a esconderse en un retiro de señora de su hogar y dulce maestra de párvulos.

En estos tiempos de sexo líquido, concepto adjetival patentado por Zygmunt Bauman y que le aproveche, se viste de erotismo a un falso Eros, que pasaría por faunesco sátiro que intelectualiza hipócritamente sus deseos y poco más. Es cierto que la píldora y el preservativo han intentado desmentir a Schopenhauer, pero no faltan Lissardis que retraten la verdad en términos de una literatura que se siente gustosa con la etiqueta de pornografía liviana, que encandila a lectores masculinos consumidores de la boyz lit, que nunca leyeron al peruano Jaime Bayly, y que no tienen suficiente con Camillieri, Chavarría o Dan Brown, vale decir, con todo escritor que proponga enigmas para hacer pasar por inteligente a quien sea tan sagaz como para descubrirlos o siquiera entenderlos, un lustre similar al brindado por haber cursado un bachillerato de orientación científica.

Y si no vean los ojos soñadores de los libreros, casi vidriosos de lujuria reprimida cuando una mujer pide un libro de tal escritor, apresurándose a ofrecer también otras obras recientes del mismo publicadas por la editorial Hum, porque todo lo nuevo, lo último es más lustroso y debe venderse antesdeayer, desconociendo tal vez aquella terrible "Interludio, interlunio". Invariablemente se sienten en la obligación de opinar que es el mejor escritor uruguayo actual. Yo pensaría en Hugo Fontana, en Henry Trujillo o varios otros como más completos, amplios y serios aspirantes a tal escalafón empinado.

En "Horas puente" se retrata la visión masculina de la amante perfecta, pero dicha adjetivación corre por cuenta de la protagonista, lo cual configura una doble conjugación de deseos misóginos.
En un bastión masculino irreductible de grosería que ella acepta de su marido y de su amante, y lo acepta con felicidad de tan obediente que es, se transforma así en la prostituta de ambos. La violencia de los insultos que recibe en un ámbito tan privado como el lecho la dejan más que impávida, agradecida. Pero al menos en Uruguay la violencia contra la mujer se justifica hasta en la producción intelectual.

La contraparte protagónica masculina encarna el estereotipo tanguero de aquél que tiene a la santa en casa, madre de sus hijos, y a la puta afuera para hacer lo que le gusta y condimentar el aburrimiento de una vida conyugal que no tiene la inteligencia o la valentía de cambiar, porque los guapos no existen y los caballeros murieron hace mucho. Al final, otro de los personajes descubre la virtud de catalizar esos roles en lo que tiene a la mano en su casa, porque más vale malo conocido que bueno demandante.

La doble moral del impulso fáunico, como elegantemente se la llama en la presentación del libro a la fuerza dominante en la obra, aparece diáfana, incontrovertible, justificada. Vale decir, el mal hombre está justificado si es refinado, tanto como el de "Interlunio, interludio", que cometía sus tropelías sexuales al ritmo de sonatas de Beethoven.

Acerca del origen de la prostitución en la Antiguedad, dice Georges Bataille en "Las lágrimas de Eros":
Los privilegios hicieron de la prostitución el cauce normal del erotismo, colocándolo bajo la dependencia de la fuerza o de la riqueza individual, condenándolo finalmente a la mentira.

¿Qué pasaría si los humanos se rebelaran contra tanta mentira del deber ser o del deber aceptar sin condiciones en materia de vida sexual, not going gentle into that good night? Pero no se puede, en este Occidente donde la búsqueda de trascendencia es imposible, porque todo se consume, todo es muerte, donde las mujeres deben ser eternas Milo Manara´s girls, donde el cristianismo va perdiendo su sangrienta eficacia como controlador social, pero no surge otra forma más digna de estructurar la sociedad, y ha sido exitosamente suplantado por el omnipotente dios Mercado, mientras la libertad y la verdad siguen en el debe y Susan Sontag se murió.

En este caso se aplica el acertado comentario de la nota de Mariangela Giamio en el semanario Brecha del 16.05.08: quote: El capital sexual (...) es otro medidor de estatus, más allá del aspecto económico. Tener sexo es igual a ser/estar contento. Aparece la felicidad, aunque sea la de las pastillitas de Viagra, los geles lubricantes y todo lo que pueda aumentar mi performance. Produzco y consumo para ser feliz, tengo sexo -de tal manera- y eso me convierte, casi necesariamente, en un ser realizado. unquote. Y cita al sexólogo Ruben Campero: en esa lógica de consumo se homogeiniza el deseo y lo erótico. Hay una gran expectativa de felicidad. Se es feliz cuando se tiene una relación sexual y cuando se rinde.
D.B.


foto: acueducto de Montreuil.


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