19.11.07

Hombre (s) sin alas



Ilustración: M.C. Escher


Sebastián, arriba, esperaba desnudo y sin misterios.

Sus ojos verdes habían estado en mí, mas no en el ángel que había desflorado.

Sus manos temblaban cuando encendió un cigarrillo.


Sebastián, abajo, hablaba de sus demonios y sus ojos se perdían en un mar oscuro.

Sus manos temblaban cuando tomó las mías.


El sudor de Sebastián había poseído antes mi cuerpo, pero la mirada lejana de Sebastián se adueñó de mi espíritu.


El ángel se iba desvaneciendo, encandilado por el Lucero del amanecer.

Yo debí subir, dejando a Sebastián.


Sebastián estaba dormido, pero despertó, y lo amé con los ojos cerrados, ausente y llorando, mientras imaginaba a Sebastián.


Fue entonces que Sebastián partió para siempre, o lo dejé ir, no sé; y el ángel murió.


D.B.

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