1.9.07

Vivir mejor


Hay demasiadas cosas que aceptamos, que damos por hecho incontrovertible o nimio en nuestra cotidianeidad. Por ejemplo, como nos vestimos, la organizacion de la casa en que vivimos, la relacion con la naturaleza. La vestimenta actual nos impone usar diversas telas pegadas al cuerpo, recubriendo ajustadamente nuestros contornos de forma muchas veces incomoda y hasta anti higienica. Se acepta y preconiza un modelo de sexualidad donde la mujer debe ser una presa codiciable en todo momento, exaltando atributos naturales y para ello los zapatos se han convertido en un fetiche. Los tacos altos y afilados, que imprimen una torsion antinatural a los multiples huesos del pie y por lo tanto a todo el sistema de equilibrio corporal son una muestra de tales modelos de comportamiento. Las casas donde vivimos, mayormente no incluyen espacios verdes, luminosos y con posibilidad de convivir con otra vida animal, sea gatuna, perruna o la que se prefiera o se de naturalmente en el medio. Sobre todo esto y mas Rudofsky, arquitecto austriaco, propuso pensar y re dibujar, para vivir mejor. Apoyandose en los viajes, en conocer y amoldarse a diversas formas de vivir y de sentir el espacio vital, desde muy temprano en su actividad como arquitecto propuso, y llevo a cabo muchas veces, sus concepciones sobre design y modo de vida. Unas acuarelas del paisaje griego en Santorini dan cuenta de algunas de sus influencias, el ambiente mediterrano. Pero los viajes a Japon marcan una interseccion muy interesante en su manera de concebir la vida, desde la sencillez, funcionalidad y limpieza del ordenamiento que alli descubre. Siendo parte de las corrientes de pensamiento de su epoca que se vuelcan a la arquitectura vernacula o indigenista, tratando de aproximarse a las formas que naturalmente se han dado grupos humanos para construir sus espacios, se hace parte y postulante del concepto de una arquitectura sin arquitectos, anonima en provecho de resaltar la creacion humana antes que al creador.

De sus viajes a Japon resultan varias obras con propuestas y analisis, como "The kimono mind", donde desarrolla su apoyo a la sensual austeridad oriental y tambien mediterranea.

En Napoles proyecta la casa Procida, un manifiesto de su pensamiento que no llega a concretarse, pero que sirve de base conceptual para otros desarrollos. En 1938 emigro a San Pablo, Brasil, donde proyecta y construye la casa Frontini para Arnstein, modelo de casa concebida como instrumento para vivir, una vivienda austera, con varios modulos integrados de espacios centrales de patios abiertos con lugares generosos para arboles y para el recreo y la convivencia en familia.

Luego se radica en Estados Unidos, y en 1944 expone en el Moma: "Are clothes modern?". Alli, entre otros proyectos, realiza Bernardo Sandals, una propuesta comercial exitosa de design para zapatos, adaptados a la anatomia humana, viendo al cuerpo mas alla de las modas. Una serie de fotografias y dibujos apoyan sus teorias, como la muestra del traje masculino tipico de los 40, donde contabiliza 64 bolsillos o los zapatos clasicos de la epoca, donde la adaptacion anatomica del pie exigiria que el dedo pulgar estuviera ubicado al centro. Basta ver el design de los zapatos de moda en estos tiempos, con unas puntas extendidas a manera de zapatillas propias de un ambiente de las mil y una noches, para comprobar lo acertado de la vision de Rudofsky sobre el deber ser de nuestros usos cotidianos en vestimenta. El habito en la vestimenta es un freno a la sensualidad que causa atrofia en una tendencia natural en el ser humano, segun el propone en sus obras.

Siempre enamorado de la luminosidad y las concepciones de vida mediterraneas, construye en Malaga la Casa Frigiliana, en Cortijos de San Rafael.

De su actvidad como docente y escritor, resultan varios libros, entre ellos: Streets for people, The unfashionable human body.

La muestra del Centro Canadiense de Arquitectura es una exposicion itinerante organizada en Austria, lugar natal de este ciudadano del mundo, nunca tan bien aplicado el lugar comun en este caso, donde de manera clara, generosa y muy bien dispuesta se puede descubrir a Bernard Rudofsky, un arquitecto fuera de las modas y de la moda, tal vez por ello interesante y atendible.
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