28.6.07

Los muros de Dios



LA RESTAURACION


Por precaución los locos del mundo no coordinan entre ellos las acciones aberrantes que les son características. Es así que generan pequeñas fuentes de caos cuya resultante culmina en entropía. Salvo cuando el azar encadena los efectos que normalmente debieran ser aislados.
En nada de eso pensaba Beatrice cuando seguía embelesada los movimientos de Bruno en los andamios de las obras de restauración del oratorio de San Pedro que domina la plaza mayor de la ciudad.
Ella y Sofía estaban encargadas de supervisar los detalles finales del trabajo de los obreros.
-¡Eh, Bruno, Beatrice quiere hablarte!- gritó burlona Sofía. Bruno descendió con ademán circense por las cuerdas usadas para mover materiales y cayó a los pies de Beatrice haciéndole una reverencia de arlequín.
–Diga usted, mi reina- susurró a la joven, quien no pudo decir nada, intimidada por las risotadas del grupo.
-Querida, el amor no es una pirueta –le dijo Bruno guiñándole un ojo (...) continuará

.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Se produjo un error en este gadget.