30.5.07

19.06: A propósito de un secuestro


Banda de sonido para el crimen

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Vivo en un país color miedo donde el viento del sur no es capaz de limpiar la cobardía. La verdad quedó atrapada entre las rocas y la tierra. Desde allí, secuestrada, permanece gritando por su libertad.

Los cómplices del delito se ufanan en sus cómodos sillones que esconden ratas en los resortes. Mendigos con zapatos nuevos se pasean por el callejón de los Derechos Humanos, donde las piedras siguen esperando por algo de juicio.

Los árboles sacuden sus ramas en vano frente a las ventanas de la indiferencia. Las hojas secas fueron las únicas mantas de los muertos y lo proclaman, pero no son escuchadas.

Pocos oyen los lamentos de las gaviotas, quienes desde la costa vocean la atrocidad por décadas. Ellas ven desde la altura el mismo poblado de escasas luces de siempre.

No hay temporal o sudestada que limpie el desastre. La basura danza al aire y vuelve al lugar de origen. El mundo gris se metió en los huesos de los habitantes que persiguen espejismos en una noria sin fin.

A paso redoblado se sigue pisoteando a la justicia, al ritmo de una banda disonante de latones deslucidos.

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