9.9.06

Encuentro fortuito

Venía de dar un adiós cuando lo encontré. Frente a frente. Quedé inmóvil ante su figura ascética y lejana. La palidez de su rostro iluminó el espacio circundante y más allá. Debió tener un breviario en las manos, yo una rosa ajada. Sentí un calor en el corazón, que se tradujo en lágrimas. Nunca antes, nunca después, alguien miró en mi alma de esa manera impasible y total. Entendí en un segundo el sentido del arte, y, por lo tanto, de la vida. Aquella percepción se transformó en un amor imposible y desesperado, sabedor de las barreras temporales que nos separaban. Por más ríos que cruzara escapando al destino nunca lo olvidé. Por más rostros que escrutara en las avenidas, esperando verlo pasar flotando en una gabardina negra, no lo pude hallar. De esto hace hoy, 09 de septiembre, exactamente 15 años. El azar informático hizo posible al menos seguirle los rastros. El debía estar en Buenos Aires. Sin embargo resultó ser tan itinerante que apareció en Amsterdam. Ya no lloro su ausencia. Estoy segura de que ningún maestro holandés puede opacar la gloria de un Tintoretto.

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