13.9.06

El mejor de los casos



El mejor de los casos…

« Il est difficile de rester empereur en présence d’un médecin, et difficile aussi de garder sa qualité d’homme. L’œil du praticien ne voyait en moi qu’un monceau d’humeurs, triste amalgame de lymphe et de sang. »

Marguerite Yourcenar, « Mémoires d’Hadrien ».

Entró al consultorio resuelta, pero temerosa. Una y otra vez, esa experiencia de ser vejada sin compasión se repetía en cualquier consultorio frío que le hubiera tocado visitar. Repantigarse en la camilla, ante el roce del metal del espéculo. Una y otra vez. Ahora había decidido cambiar de médico. Necesitaba una segunda opinión. Eligió al azar un nombre que en un primer momento le pareció conocido. Tal vez alguna amiga lo habría recomendado en una charla de vestidor.

El médico, parapetado en su escritorio, armado con su lapicera, ni la miró. Escribía, garabateaba. Tomó mecánicamente su ficha. La enfermera revoloteaba alrededor, quien sabe haciendo qué. Era una testigo no querida, una guardiana de las formas, con mejor caligrafía que el doctor. Este leyó en voz alta el nombre de la décimo segunda paciente que vería en esa mañana. Embarazadas y más embarazadas, por lo general.

-¿Es usted?- le espetó bruscamente...

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