11.9.06

Agua de peras




Agua de Peras


Hacer un almíbar liviano en una olla grande, con azúcar morena y unas gotas de vainilla. Agregar abundante canela en rama y dos clavos de olor. Dejar enfriar. Aparte elegir doce peras no muy maduras, lavar bien la cáscara y partirlas por la mitad longitudinalmente. Cocinar a fuego lento la fruta en el almíbar. Cuando el líquido esté espeso y de color amarillento, agregar una pizca de jengibre en polvo. Apagar el fuego y dejar reposar por doce horas. Luego retirar la fruta y colar el líquido. Servir frío, con finas rodajas de naranja o limón.

1.

Gabriel abandonó el yate y caminó tambaleándose por el roquedal que oficiaba de muelle. Nadie notaría su ausencia a esa altura de la fiesta. Se alejó todo lo rápido que su borrachera le permitió, rodeando la pequeña isla, hasta que sus piernas se rindieron a la pesada arena. Cayó de rodillas, y con el rostro bañado en lágrimas observó el arma que a duras penas lograba conservar en su mano. Revivió en su mente por enésima vez la escena de Gonzalo y Alejandra mirándose descaradamente. El dolor en el corazón se le hizo insoportable. Era momento de terminar con todo. Apoyó torpemente el arma bajo su mandíbula y accionó el gatillo. Una sacudida seguida de un calor intenso recorrió su cuerpo, seguido por una sensación de frío paralizante.

Entonces lo que parecía ser una roca más entre las que recortaban la playa, donde el mar iba y venía mansamente, se movió en dirección a Gabriel. La figura que se asemejaba a un hombre en hábito franciscano, le tendió una mano, invitándolo a sentarse en el roquedal.

-La luna ha crecido con mucha fuerza esta vez-, emitió con voz ronca. Tan ronca y profunda como la de aquellos que han pasado mucho tiempo sin hablar, y con un extraño acento que podría ser español castizo.

-Hace mucho que esperaba una noche como ésta.- prosiguió impasible la sombra.

La luna era un enorme disco recortándose neta entre el pinar de la costa, ascendiendo y plateando la noche completamente. Su brillo perlaba el océano y aclaraba las sendas en el arenal que bordeaba la isla.

La figura le acercó una botella a la boca y le hizo beber un líquido dulcísimo. Gabriel percibió una gran efervescencia inundando su cuerpo.

-Cuando mis pies hollaron esta isla por primera vez, esto era un mar de arena. Así fue por mucho tiempo. Luego aquél viejo contrabandista plantó árboles por doquier, tal vez para ocultar mejor sus cargamentos. Nada volvió a ser igual. La tranquila naturaleza recibió pobladores permanentes y un gran trajín entre su muelle y tierra firme. Hoy los seres del mar no hallan paz con esas naves blancas transportando gentes ruidosas y perturbadas -continuó la sombra sin esperar respuesta. Padecía de la ansiedad de quien hace mucho tiempo que no habla más que consigo mismo.

...

1 comentario:

  1. Anónimo10:13 a.m.

    quote: a)atmósfera extraña inquietante
    b)no hay terror, hay inminencia del temor, del miedo.

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