13.1.06


La otra mujer

Los faros de la camioneta alumbraron seguros el camino de la pendiente. El aparato de posicionamiento satelital iba indicando la ruta, desde la pantallita en el tablero. La luz que emitía el artefacto parlante iluminaba los rostros de la pareja, confiriéndoles un aspecto casi fantasmal.
-Pensándolo bien, a la única que obedeces en un cien por cien es a la que habla por este aparatito que…-y se interrumpió la mujer.
-En cien metros doble a la derecha, profirió sonoramente la computarizada voz femenina.
-Cierto, -dijo el hombre y rió sonoramente. –Si quieres puedo cambiarlo por una voz masculina.
-Doble a la derecha y avance cien metros- prosiguió la máquina.
-No hay intimidad en nuestras conversaciones con esa voz cortándonos a cada rato.-dijo la mujer, algo ofuscada.
-Está bien querida, ya llegamos a la cima.- respondió condescendiente el hombre. Observa el panorama- dijo y apagó el sistema de guía.
La ciudad se extendía a manera de campo de estrellas rojizas, vista desde la gran altura. Disfrutaron del silencio del lugar, hasta que el frío los hizo querer descender. El hombre encendió el aparato y besó a la mujer. El vehículo comenzó a deslizarse cada vez más rápido rodeando la primera curva del camino.
-Mírame- dijo la mujer. -¿Me amas? ¡Mírame!.= El hombre soltó una mano del volante y extendió el brazo para acariciarla.
-A veinte metros doble a la derecha- se oyó la voz de la máquina. Mecánicamente el hombre giró el volante.
Quienes habían quedado en la altura pudieron ver las ruedas de la camioneta en el aire, y luego el rebotar descontrolado en las rocas de la ladera. Cuando por fin llegaron los socorristas, entre los hierros retorcidos escucharon una voz femenina gutural repitiendo: - avance sin detenerse.


Contradicciones

Contar la lluvia es asociarse al tiempo. El tiempo no existe para quien no lo cuenta. Los granos de arena caen indetenibles, siendo incontables en el reloj de arena que los contiene. El reloj de arena es de vidrio y el vidrio es arena. Si sólo existe el pensamiento, la lluvia es real. Puedo controlar mis pensamientos, deteniéndolos sólo un segundo. A la lluvia no la puedo detener. Contar el tiempo duele, la lluvia duele. A la lluvia la puedo sentir, pero el tiempo me atraviesa y no me doy cuenta. Darse cuenta de la lluvia es darse cuenta del tiempo
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